
¡Que viene, que viene….! , se decía en mi infancia, y ya lo creo que viene, más bien lo que se nos viene encima. Pues si, que la transgrancanaria larga, monumento al hombre sin cerebro, el que suscribe, ya esta a la vuelta de la esquina y el compadre y yo decidimos darnos un tientito, de esos de poca cosa, a ver como estaban todas las cuerdas de la guitarra después del maratón y con vistas al citado monumento.
Para este tipo de pruebas nada mejor que la piconera, Rosiana, ¡Dios salve a la piconera!, pilar fundamental para el asalto a la troncharegularidad, con sus 660 metros de altitud, su explosiva subida, y el aroma de la naturaleza impregnado en cualquiera de sus tres accesos, así que ahora, sin bicicleta de por medio, decidimos probar el motor subiendo.
El viernes por la mañana, mañanitas que cantaba el rey David, nos armamos de paciencia, de chepa cargada de viandas, para los güiris camelback, y nos lanzamos barranco de Telde abajo como alma que lleva el diablo, con las ideas claras de lo que queríamos hacer pero sin saber si disponíamos del tiempo necesario para hacerlo. La primera parte, que nos lleva a la playa de bocabarranco, se hace en un plis-plas, a ritmo trotón percherón, sin prisa pero sin pausa. Antes de darnos cuenta sobrevolamos los senderos que nos transportan hasta Melenara, dejando atrás la Garita y Playa del Hombre, y cogemos asfalto camino de IKEA desde donde cogeremos el barranco de Silva. El camino a Ojos de Garza se realiza a través de las ondulaciones que jalonan los acantilados de la costa, al trote todavía, y en apenas dos horas alcanzamos el primer objetivo. En la subida hacia Piletillas nos perdemos y tenemos que recurrir a usar la carretera en la parte final de la dura ascensión. Otra pequeña travesía por asfalto nos lleva en apenas ocho minutos de carretera al comienzo de la ascensión a la piconera desde el Draguillo. Parada para comer las viandas transportadas en la chepa, más algún que otro tuno indio que le sustraemos a la madre tierra. Después de avituallar subimos a buen ritmo hasta la piconera, las últimas lluvias han destrozado parte de los senderos pero por el contrario han dejado una imagen bucólica del verde recortado al fondo por el mar. Desde allí la bajada hasta Telde es rapidísima, tan sólo 34 minutos hasta el cementerio, un poco más hasta casa y fin de nuestro entrenamiento. Piernas cargadísimas, sonrisa en el espíritu.
Me preguntaban el otro día que ganaba yo haciendo la TRANS, la verdad es que no lo sé, será el disfrutar de una aventura, el reto personal, la lucha contra tus límites. No se que es pero si lo que no es, no quiero ver pasar la vida desde un sofá, no quiero que cuando se me acabe el duro los recuerdos de días pasados sean de una caja cuadrada delante de mi vista, no quiero ver el verde a través de esa caja, no quiero vivir muriendo, quiero morir viviendo. Hasta la próxima.
Para los amantes de los datos:
5 horas
39,3 km.
7,1 km/h.
660 metros de desnivel.